
Y con esta hermosa pregunta arranca esta historia.

Ya pasaron un par de años desde la noche en que recibí ese mensaje de una amiga que acababa de casarse y se había estado sintiendo mal por algo que, a cualquiera, le llenaría de felicidad.
Déjame hablarte un poco sobre ella. Es una muchacha increíble, de mente muy abierta y siempre dispuesta a aprender algo nuevo. Es muy honesta con sus sentimientos y sabe expresarlos de una forma clara, lo cual hace que sea más fácil empatizar con ella.
El casado casa quiere
Después de poco tiempo de casados, siendo jóvenes aún, pudieron comprar un departamento que es el sueño de cualquier matrimonio. Y ahí es donde empezó la pesadilla. Porque, lejos de generar alegría, dentro de ella nacía un sentimiento de rechazo, de frustración y de enojo. No lograba entender por qué algo que, supuestamente, le traería felicidad, le estaba causando tanta angustia.
Podemos suponer que recibir un regalo o conseguir algo que se nos ha negado durante mucho tiempo será especialmente fácil de aceptar, pero no es así como funciona nuestra mente.
Cuando una persona recibe exactamente lo que siempre ha querido, después de haberse privado de ello durante mucho tiempo, tiende a volverse extremadamente quisquillosa y escéptica.
Su mente busca inconscientemente fallas en el escenario perfecto, porque no sabe cómo manejar la plenitud de haber alcanzado su sueño.
El peso de la infancia
Ella me contó que casi toda su vida vivió en alquiler. Las personas que hemos vivido en esas condiciones entendemos que, cada cierto tiempo, tenemos que cambiar de casa y acostumbrarnos a un nuevo entorno que, por un tiempo, llamaremos «hogar». Pero la falta de estabilidad puede marcar profundamente nuestra forma de ver el mundo en la adultez.
La psicología del apego nos dice que la manera en que experimentamos la seguridad y estabilidad en la infancia influye en cómo gestionamos las relaciones y los logros en la adultez. En su caso, su mente había asociado «hogar» con algo temporal, con algo que siempre se pierde. Entonces, cuando finalmente obtuvo su propio departamento, su inconsciente no supo qué hacer con la estabilidad y reaccionó con rechazo.
La amiga imaginaria
Cuando un sueño es tan lejano que parece inalcanzable, para no desanimarnos, tendemos a decirnos frases como: «Algun dia será nuestro» o «Pronto lo lograremos«; hablandonos intermanente como si fueramos otra persona, en pocas palabras, es como crear un «amiga imaginaria» de ti mismo.
Esa «amiga» se volverá, de ahora en adelante, la persona con la que compartiras cada detalle del sueño, pero tambien compartiras la frustacion y la ansiedad. Esta «amiga» se convirtirá en un refugio emocional, en un vínculo con su sueño.
El día que fueron a ver el departamento, sin darse cuenta, empezó a quejarse de cada detalle. Sentía que todo estaba fuera de lugar y encontraba defectos en cada rincón. Su esposo y su padre se sintieron confundidos, pues pensaban que ese iba a ser, tal vez, uno de los días más felices de su vida.
Pero al ver la reacción que tuvo, decidieron darle un tiempo a solas para que pudiera pensar, y en ese momento comenzó su proceso de autoconocimiento.
No saber decir adiós
Después de años de compartir emociones con «su amiga imaginaria», una vez que consiguió lo que tanto soñaba, esa amiga ya no era necesaria. Había que dejarla ir. Pero soltar una relación emocional cuesta muchísimo, incluso si solo existió en nuestra mente.
Los sentimientos humanos son complejos y difíciles de gestionar. Nuestro cerebro no cambia de contexto tan fácilmente como lo hace nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo entiende que todo tiene un inicio y un fin, la hora de comer, de dormir, de trabajar y descansar. Pero al cerebro le cuesta aceptar que algo ha terminado, especialmente si ha estado vinculado a una emoción durante muchos años.
Por eso, muchas veces las personas reaccionan de forma extraña cuando finalmente logran lo que han anhelado durante tanto tiempo. Es como cuando alguien encuentra el amor verdadero y, en vez de disfrutarlo, se vuelven inseguros y distantes. O cuando alguien está a punto de obtener el ascenso que siempre deseó y comienza a actuar de manera irresponsable. Esto se conoce como autosabotaje.
El autosabotaje ocurre cuando nuestras emociones no han alcanzado la madurez necesaria para aceptar la felicidad. Nuestra mente, acostumbrada a la lucha, no sabe qué hacer con la victoria. Pero la buena noticia es que este patrón se puede cambiar.
La clave está en el autoconocimiento y la autocomprensión. Entender que nuestra resistencia al cambio, aunque parezca irracional, tiene una razón de ser. Que despedirse del pasado es doloroso, pero necesario. Y que aceptar la felicidad también es un proceso de aprendizaje.
Esa noche, mi amiga comprendió algo muy importante: no se trataba de la casa, sino del miedo a soltar su antigua identidad. Y con esa revelación, comenzó un nuevo capítulo en su vida, uno donde aprendía, poco a poco, a abrazar la felicidad sin temor.